viernes, 23 de marzo de 2018

Un travesti con “pérdidas” y un llamado telefónico para abortar

por Javier Olivera Ravasi,     
Ante la locura que vivimos, vengan dos casos reales: el primero me fue narrado en primera persona (prefiero guardar la identidad del médico).

El segundo es un llamado telefónico que, hace pocos días, Nicolás Márquez realizó a una organización feminista que facilita los abortos.

    ¡Paren el mundo, me quiero bajar!

    Que no te la cuenten…

    P. Javier Olivera Ravasi

 Hace unos meses me llamó un médico ginecólogo amigo.

-          ¡Padre: necesito comentarle algo que me pasó! –me dijo.

 -          Diga mi amigo –le respondí.

 Estaba en el consultorio y, luego de atender a varias de mis pacientes, llega una bastante extraña. Hablaba con voz ronca, decía que tenía “pérdidas” y que hacía tiempo que no tenía su período.

La miraba y la miraba y había algo que no cuajaba…, hasta que sí, lo que creía que nunca me iba a ocurrir, ocurrió: era un travesti.

Yo no sabía si me estaba tendiendo una trampa para acusarme luego de hetero-patriarcal, homófobo, o qué…

Le pregunté cortésmente:

 -          Perdón, ¿pero cómo se dio cuenta de la cosa?

-          Y bien –dijo el travesti- soy mujer y ando en pareja. Dejó “de venirme” (la menstruación) y luego de un tiempo, comencé con pérdidas.

-          Ajá –decía el médico cada vez más asombrado. Acá tengo los análisis que ud. me trajo, pero tenemos un problema… pues ud. tiene cromosomas XY…

-          ¡No puede ser!¡Yo soy una mujer!

-          Ahh!!! Tranquila. Hagamos una cosa: intentemos una ecografía y veremos.

 Luego de realizar la actividad, en el mismo consultorio (pues el médico es además un reconocido ecografista), se volvieron a ver.

 -          “Señora” –le dijo el médico al travesti- tenemos un segundo problema: ud. tiene también todo el aparato genital interior, masculino. ¿Ud. no se habrá hecho una operación de cambio de sexo, por casualidad?

-          Bueno…, sí, ¡pero esos genitales no son míos!

-          ¿Cómo? -preguntó el médico que ya no podía salir de su asombro. ¿De quién pueden ser entonces?

-          ¡Y…! ¡Quizás me los dejó allí mi pareja!

 El médico ya no supo cómo seguir. Gracias a Dios el individuo decidió partir, quedando con que vendría luego…

 -          Padre –me dijo este buen médico: en la facultad de medicina yo estudié para ser ginecólogo. Nunca me prepararon para algo así. Le confieso que me dio tristeza pues era un caso para otro especialista, para un psiquiatra, no para un médico de mujeres.

 el 21.03.18 a las 4:20 PM Que no te la cuenten