Retazos poco conocidos de la escritora fallecida a partir de un libro y recuerdos de una amiga.
Forum Libertas
Hace pocos días nos ha dejado esta famosa y longeva escritora de Barcelona. Pero aquí no hablaremos de su faceta de escritora de éxito, ni de su categoría social, sino más bien de aspectos poco conocidos, pese al cúmulo de artículos sobre ella aparecidos con motivo de su fallecimiento a la edad de 97 años.
Empecemos, de su propia pluma, con una relación sobre la gran tragedia que marcó su vida y respecto al contacto que mantuvo con las discutidas apariciones de la Virgen en el pueblo cántabro de Garabandal:
Explica en su relato cómo era su hijo Miguel y el horrible dolor que la sacudió cuando el 30 de octubre de 1958 el chico encontró la muerte por las carreteras de Francia, en un accidente de automóvil: “me sentí acogotada por la oscuridad más espantosa”.
Algunos (...) “me decían que debía dar gracias a Dios por habérselo llevado en condiciones tan buenas para su alma” (comulgaba a diario), “pero la resignación no llegaba”.
“Llegó un momento en que las dudas contra la Fe se me volvieron obsesivas”. Con todo, “a veces, sin saber por qué, la esperanza volvía: “¿Y si Miguel me viera... si fuera verdad eso de la Comunión de los Santos...?””
“Por aquel entonces ni siquiera podía rezar”, “hasta que un día próximo a la fiesta de la Purísima, instintivamente, me enfrenté a una imagen de la Dolorosa, suplicándole que, si Miguel vivía, Ella me diese una prueba”.
Ésta “no tardó en llegar...”. “A partir de aquel día, ya no tuve más obsesión que la de volver a Dios” (y más tarde –nos dice– realiza una confesión general y se acerca definitivamente a Dios, experimentando un gran sosiego interior mientras aumentaba su devoción a la Virgen).
El Jueves Santo de 1962 viaja a Garabandal, lugar donde se dice que la Virgen se aparece a tres niñas, con “la intención de rendir homenaje a la Virgen”.
Allí puede hablar con las niñas videntes y les encarga: “Cuando veáis a la Virgen, preguntadle por mi hijo”. “Lo único que me interesa es saber dónde está mi hijo”.
Al poco, las niñas, Jacinta y Loli, le dan esta respuesta: “La Virgen ya me ha contestado, pero no puedo decírselo a usted”.
Esto la dejó sumida en una dolorosa prueba: ¿sería que estaba su hijo Miguel en un lugar de desgracia? Repasaba ansiosamente lo que había visto de estas apariciones para poder dudar de ellas, pero todo le parecía confirmar que eran dignas de fe.
Hasta que cayó en cuenta, viene a decir, de que eran días señalados en que se celebraba la Pasión del Señor y que quizá la prueba que atravesaba podía ser participación en los sufrimientos de Cristo. “Lo acepté todo y me sometí a la voluntad de Dios”.
Por fin, tras la vigilia de Resurrección, Mª Loli le dice: “Dice la Virgen que su hijo está en el Cielo”. “El resto del Rosario (que estaban rezando) fue como un subir al Cielo”. “Nunca he visto el cielo tan estrellado y tan diáfano!”
Y Loli, una de las niñas agraciadas con la aparición de Nuestra Señora, añadió que la Virgen le había dicho “que su hijo es muy feliz, felicísimo, y que está con usted todos los días”.
Y que “al mismo tiempo que Ella me hablaba “él” estaba viéndola a usted...y que su alegría era muy grande”.
“¡Eso!, “Miguel”. Me ha dicho la Virgen: “Dile sobre todo a esa señora que, mientras hablo ahora contigo, Miguel la está viendo a ella, y que es felicísimo, que está muy contento, muy contento.
- ¡Dime Mari Loli! ¿Cómo sabes tú que él se llama Miguel?
- Porque yo he preguntado a la Virgen: ¿Quién es Miguel?, y Ella me ha contestado: El hijo de esa señora”.
“Cuando todo se acabó esa madrugada, mi regreso a la casa donde tenía hospedaje fue como andar sobre una nube... El pueblo se azuleaba ya bajo el cielo todavía estrellado. El sol aguardaba detrás del monte”.
24.05.2014
Aleteia.
